Chiang Mai – Calma entre el caos de Tailandia
Chiang Mai para nómadas digitales es una búsqueda muy habitual entre quienes quieren empezar a trabajar en remoto. Había leído cosas muy bonitas de la ciudad ya que es, sin duda, uno de los destinos favoritos para cualquier nómada. Yo siento mi conexión con esta ciudad única, por lo que trataré de ser lo más objetivo posible.
Llegué a Chiang Mai por primera vez en febrero, justo después de estar un tiempo en Bangkok. Me gusta mucho Bangkok, pero en ese momento sentía que necesitaba un cambio. Estaba un poco consumido por el ruido, el tráfico y la contaminación. Hablaré sobre mi experiencia allí otro día, pero, en resumen, diría que todo va como a doble velocidad ahí y sentía que necesitaba parar.
Pues puedo decir que Chiang Mai fue justo esa pausa.

La llegada
Solo tienes que aterrizar en la ciudad para sentir que la vibra es muy diferente a Bangkok. El aeropuerto está muy cerca del centro, por lo que llegas a tu alojamiento en 10-15 minutos (en Grab o taxi). Después de estar en ciudades con aeropuertos fuera de la ciudad, donde te toca coger trenes o metros eternos, la verdad es que tenerlo todo tan cerca se agradece mucho.
En el trayecto puedes ver el verde de la naturaleza y la montaña rodeando la ciudad. Parece mucho más un pueblo que una ciudad como tal. Aunque seguimos teniendo tráfico, no hemos abandonado Tailandia; todo se siente menos caótico, más controlado. A medida que vas entrando en la ciudad, ves el río y la muralla que protege el casco antiguo. Cada puerta de esa muralla se convertirá en uno de tus puntos de referencia para guiarte, sobre todo en tus primeros días recorriendo las calles.
Alojamiento
En mi primer viaje, de hecho, me alojé en un hotel justo en la zona de la puerta norte de la muralla. Unos 20 euros la noche, aproximadamente. Esta zona está muy bien ubicada, cerca de todo, dentro de la muralla y con un mercado nocturno enfrente para cenar barato y rico.
El apartamento en sí era pequeñito, pero moderno, precioso por fuera, con una cascadita de agua que lo hacía súper fotogénico. Es cierto que, después de unos días, esa masa de agua se convirtió en mi principal enemigo debido a la cantidad demencial de mosquitos. Tocaba hacer ronda de caza antes de irme a dormir cada noche. Pero bueno, ignorando este detalle, lo demás era genial.
El recepcionista era el propio dueño de la casa y te prometo que era de lo más tierno y adorable que he conocido nunca. Realmente sentí que era como mi abuelo; se preocupaba de todo lo que pudiese incomodarme. Además, había una zona común con aire acondicionado y sofás que usaba sobre todo para los descansos o cuando pillaba comida del mercado callejero.
Pero es cierto que, después de unas semanas ahí, echaba de menos un poco más de espacio para mí. La habitación era básicamente una cama, un escritorio y el baño. Trabajaba todos los días dentro de la habitación porque pasaba muchas horas en reuniones y necesitaba esa concentración extra que quizás pierdes en una cafetería o lugar público.
Aunque lo peor fue la conexión a internet. Aun habiendo investigado con antelación, la conexión a internet que tuve fue horrible. Muy inestable, con días con muchísimos problemas, llegando incluso a bajar a recepción para pedir que reiniciasen el router como medida desesperada.
Por suerte, mi «abuelo», el recepcionista, me ayudaba en todo. El pobre intentó cambiar el router de sitio para ver si me llegaba mejor la conexión, pero yo diría que había algún tipo de problema que venía de la propia instalación.
Es cierto que fue algo puntual y para nada debería afectar a tu experiencia en Chiang Mai, pero hay que tenerlo en cuenta, sobre todo en la zona antigua. Eso sí, desde entonces valoro mucho más el High Internet Speed en las características del alojamiento.

Ya en mi segundo viaje sí que decidí alojarme en un condo (apartamento) en las afueras de la ciudad, cerca del centro comercial Chiang Central.
Para una primera visita, el centro sin duda es la mejor zona. Pero, como digo, después de un tiempo ahí sentía que me ahogaba en el hotel. Y los apartamentos no son excesivamente cómodos y lujosos dentro de la muralla. Al menos no en la franja de precio que yo estaba dispuesto a gastar.
El apartamento fueron 500 euros al mes, reservando por Booking. Más asequible que el hotel y con unas instalaciones increíbles. Tenía espacio común para trabajar, piscina rooftop, gym y hasta sauna. La verdad es que mi rutina ahí era envidiable.
Me levantaba e iba directo al gym. Después pasaba por la sauna y la piscina en varias tandas. Después de eso, iba a comer algo al centro comercial o a algún restaurante cercano y volvía a casa para trabajar.
La única desventaja, aparte de la pérdida del servicio de limpieza diario de un hotel, es que tenía que caminar 1 hora si quería ir al centro (unos 15 min en Grab o taxi). No me suele importar mucho la distancia; adoro caminar, y qué mejor forma de forzarte a hacerlo que estando lejos. Pero al final acaba siendo repetitivo hacer una y otra vez el mismo camino.

Sin duda, si volviese a ir por primera vez, me quedaría unas semanas primero en el centro, conocería la ciudad y luego me movería a Nimman (donde está la mayor parte del ambiente nómada) o a otra zona alrededor de la ciudad.
En mi caso, como fui durante el Yi Peng, los alojamientos estaban bastante más caros por la zona de Nimman, por lo que preferí la comodidad a la propia zona. Pero Nimman es perfecta si buscas apartamentos cómodos, cafeterías donde trabajar y un ambiente nómada digital completo.
Rutina
Aun así, yo suelo preferir trabajar en mi apartamento o en zonas comunes dentro del condo en el que esté viviendo. Solo voy a cafeterías de forma puntual, en días en los que sé que me voy a sentir cómodo allí.
Esto supongo que depende mucho del tipo de trabajo, pero en mi caso acabo pasando mucho tiempo en llamadas y llevo muchos gadgets (gamepad, ratón, pantalla auxiliar, cargador, cables, etc.), por lo que prefiero tener mi propio espacio. Si quieres saber más sobre qué llevo en mi mochila, aquí tienes una entrada hablando sobre eso.
Pero, si eres de trabajar fuera, te recomiendo Kalm Village, en el centro de Chiang Mai, donde te tratan genial y, encima, el sitio es súper bonito.

En cuanto a mi rutina, teniendo horario europeo, mi jornada es de 13:00 a 22:00, hora local. Por lo que tengo tiempo el domingo (suelo usar ese día para viajar) y la mañana del lunes para ubicarme un poco en la ciudad.
Durante la semana, por las mañanas, simplemente caminaba por la ciudad, comía algo rico y me mentalizaba para volver a casa y empezar a trabajar.
Simplemente perderse por las calles dentro de la muralla se siente único. Te mueves entre templos, cada uno con su historia, sus monjes y su vida religiosa. El budismo afecta muchísimo a la vida de los tailandeses y puedes simplemente sentarte a verlo.
Les puedes ver abriendo una Fanta de fresa y colocándola en la puerta de sus negocios o enfrente de estatuas, junto a una pajita, como ofrenda religiosa para atraer la buena suerte. Son momentos que sin duda vas a recordar si te paras a disfrutarlos el tiempo necesario.

La comida
Sin duda, lo que más disfruto de viajar es la comida. Por encima de cualquier templo, de cualquier playa o de cualquier experiencia. Salir a caminar y parar a comer donde te dé la gana se siente como una de esas rutinas absurdamente simples que aportan pura calidad de vida.
Además, la comida en Tailandia, además de increíble, es súper barata; puedes comer todo el día fuera por menos de 10-15 euros. Yo iba turnando entre dos de mis platos favoritos: el Khao Soi y el Phat Kaphrao (arroz gapao). Prometo que podría comer cualquiera de esas dos comidas cada día durante el resto de mi vida y moriría feliz. Probablemente jodido del estómago por el picante, pero feliz.
Aunque realmente no son platos muy picantes, en alguna que otra ocasión me ha tocado armarme de valor y comérmelo para no decepcionar al cocinero. Si vas a probarlos, no te voy a mentir, son probablemente los dos platos más típicos de la ciudad. Allá donde vayas, si hay un tailandés o una tailandesa cocinando, estarán buenísimos, seguro.
Eso sí, si me tuviese que quedar con un solo lugar, Khaosudsoi Chiang Mai es uno de mis favoritos. Moderno, pero manteniendo los sabores auténticos. Muy recomendable sin demasiado sobrecoste turista.


Planes
En cuanto a planes que hacer, uno de los que recuerdo con más cariño fue la subida a Doi Suthep. Principalmente porque la hice con un grupo de gente que conocí por WhatsApp, que hablaba español y que era maravillosa. Cansado de hablar continuamente en inglés, agradecí mucho volver a usar mi idioma y volver a sentirme yo.
Subimos para ver el amanecer usando las famosas camionetas rojas, aunque, debido a la época de quemas en el norte, la verdad es que no se veía prácticamente nada. Es cierto que ese humo afectaba un poco a la calidad del aire en general, pero no es para nada tan horrible como imaginaba después de leer por internet. Quizás no me pilló la época más intensa, pero no siento que me afectase demasiado durante mi viaje, salvo en algunos miradores en días concretos.
Antes de bajar del templo, una familia súper maja nos acercó en la parte trasera de una de estas camionetas abiertas hasta el templo de Wat Pha Lat. La verdad es que fue increíble recorrer la carretera sentados ahí, con las curvas y el viento. O, al menos, los cinco primeros minutos antes de empezar a sentir miedo y mareo. Al menos pude grabar un par de vídeos para disfrutarlos después del mareo.

Ese templo, Wat Pha Lat, fue probablemente uno de los más bonitos que vi durante todo mi viaje por Tailandia. Puede que sea una experiencia muy personal, pero realmente conecté con ese templo. Está en medio de la naturaleza, con una cascada y unos pequeños rápidos donde puedes sentarte a disfrutar del sonido del agua y de la paz que transmite el lugar.
Si te gusta la naturaleza y buscas desconectar un poco, este es tu sitio. Para mí, mucho mejor que la propia subida al Doi Suthep. Puedes usar el Monk’s Trail para llegar caminando desde el propio Doi Suthep.
Luego tienes otros planes típicos, fuera de lo que es el turismo como tal, que también merecen la pena, como entrenar muay thai o hacer un curso de cocina local.
Como he dicho antes, yo soy más de comida que de golpes, así que me apunté a uno de cocina con una chica del grupo en español (que, por cierto, ahora es una muy buena amiga) y, bueno, la experiencia fue sin más. Todo se siente un poco precipitado y eres más un robot haciendo lo que te dicen que otra cosa. Al final te comes lo que cocinas, por lo que al menos te vas comido y con tu librito de recetas, cosa que compensa bastante.
Si tu intención es salir y conocer gente, fuera de los grupos en redes sociales hay bastante cultura de meetups en Chiang Mai, casi todos organizados por extranjeros que viven allí. Vale la pena si tienes soltura con el inglés y te apetece hacer algún plan con más personas.
Aunque, si eres una persona extrovertida, solamente tienes que salir una noche por la zona de Zoe in Yellow y estoy seguro de que tendrás amigos para el resto de tus días allí. La gente en Chiang Mai se contagia de la vibra de la ciudad y es súper encantadora. No tengas miedo de acercarte y hablar con otros, especialmente si les escuchas hablar tu idioma.
De noche es cuando la ciudad luce de verdad. Simplemente caminar por las calles una vez que el sol se va, con la ciudad iluminada solo por las luces de los mercados, de los restaurantes y de la muralla rodeando el casco antiguo.
Es ahí cuando la ciudad muestra su auténtica cara, sobre todo en el mercado del domingo. Cada domingo iba, cual feligrés a la iglesia, a recorrer las interminables calles del mercado, sonriendo a los vendedores y comprando recuerdos y regalos (que luego siempre olvido dar a la persona).

Chiang Mai para nómadas digitales
Si alguien hoy me preguntase cuál es la mejor ciudad para empezar a trabajar en remoto, Chiang Mai estaría entre mis primeras recomendaciones. No porque tenga el mejor internet, los mejores apartamentos o la mejor comida, que probablemente los tenga, sino porque es una ciudad que hace muy fácil construir una rutina.
Una buena rutina vale mucho más que una lista de lugares que visitar. Quizás por eso siempre acabo recordando Chiang Mai con tanto cariño.
No por los templos.
Ni por los mercados.
Sino por esa frecuencia tan bonita en la que la ciudad vibra.
Comunidad
Coste vida
Seguridad
Transporte
Gastronomía
Rumbo Remoto
Pros
- Calidad de vida excelente.
- Mucha montaña y senderos rodeando la ciudad.
- Comunidad nómada muy grande. Con muchos hispanohablantes.
- Te vas a sentir super seguro en cualquier zona.
- La comida es de las mas variadas y ricas del mundo, sin duda.
Contras
- Sin playa cerca. Toca coger un avión para moverse, aunque hay aviones diarios.
- Para moverte por los alrededores no hay mucha oferta de servicios publicos. Tendrás que usar Grab, contratar un tour o alquilar un coche/moto.
- La temporada de quemas en el norte (de febrero a abril, pero especialmente en Marzo) afectará tu viaje. Te encontrarás algo similar a la contaminación que existe en las grandes ciudades.
